La inmunidad precaria de los antisemitas

31/May/2012

Aurora, Hilel Resnizky

La inmunidad precaria de los antisemitas

31/05/2012
Opinión

Autor: Hilel Resnizky
«Haga Patria: mate un judío». Así decían algunas paredes de Buenos Aires. Alguien lo habrá escrito. La oración expresa una de las características del antisemitismo a la cual se ha prestado poca atención. Hacer patria es algo positivo. Sarmiento «hizo patria» abriendo escuelas, San Martín liberando al continente. Pero no es necesario ser prócer para «hacer patria». Quien crea bienes materiales o espirituales «hace patria»: Carlitos Gardel lo hizo transformando al tango de baile de suburbio en fenómeno mundial.
Pero el antisemita no sólo es malvado. Es también perezoso y tacaño. Educar a un analfabeto, ayudar a un anciano, construir un canal de desagüe son proyectos que exigen esfuerzo. A veces dinero. El antisemita es insolvente y avaro. En hebreo decimos: «HaPosel bemumó posel». Mal traducido sería «el que critica, critica según su propio defecto».
«El judío es avaro» dice el antisemita. Él ciertamente lo es. No hizo nada de patria. Muchas veces no hizo nada para sí mismo.
Muchas veces es víctima del sistema económico social que no entiende. Los campesinos rusos son víctimas del padrecito zar. Preferible era para ellos ser huérfanos. ¿Cómo podían rebelarse contra el zar?
Otros -los socialistas, los comunistas, los anarquistas lo hicieron. Por si acaso, conociendo al pueblo, asesinaron al zar y su familia, incluyendo los niños. Corroboraron el concepto de que la violencia engendra violencia. E hicieron a Stalin posible. Hay una discusión básica sobre lo que determina la historia. ¿La genética o el medio ambiente?
Los judíos fueron moldeados por el medio ambiente. Es decir por los gentiles. El cautiverio -el Galut- transformó un pueblo de campesinos y pastores en un pueblo de mercachifles y usureros. Sin acceso a la tierra fueron los elementos dinámicos de una economía en desarrollo. Los reyes de Polonia los reconocieron y los alentaron a establecerse en sus tierras.
Con mucha fuerza económica pero ninguna fuerza política. Marx vio solamente un aspecto: el poder económico de los judíos ricos. No vio a los judíos pobres ni la endeblez política de los potentados. Marx comprendió la fuerza del capital. Pero no la flaqueza de los judíos ricos. El más adinerado de los potentados era solamente un «Geduldete Jude». Un judío tolerado.
Luego de transformarlos en buhoneros y usureros, los gentiles acusan a los judíos por ejercer esas profesiones. La lucha de clases no excluye a los judíos. Ni a los judíos ricos, ni a los judíos pobres. Pero singularizan a los judíos ricos. Son los capitalistas por excelencia. Y son claramente los más dignos del odio de clase. Son un objeto cómodo para el odio. La policía está en contra de la lucha de clases, pero no se opone al antisemitismo.
En la lucha de clases, el antisemitismo cumple su función social: desviar la lucha de clases hacia un objeto cómodo. En Alemania entre el 30 de junio y el 1 de julio de l934 hubo lo que se dio en llamar «la noche de los cuchillos largos» (Nacht der Langen Messer). El singular «noche» es una equivocación: hubo varias noches. Los «cuchillos largos» son fidedignos. Decenas a centenas de funcionarios nazis fueron asesinados por sus correligionarios. ¿Sería mejor decir, co-ateos?
A nosotros nos interesa un asesinado. El asesinato tiene varias explicaciones- lo que implica que ninguna es la verdadera. Es el caso de Ernst Roehm. Alguien explica que era homosexual, lo que no le impidió el acceso al poder con esa característica que nunca ocultó y que muchos entre los nazis compartían. Prefiero otra explicación. El partido era nacionalsocialista. Era la última palabra para Roehm que se consideraba anticapitalista.
El maldito había decidido ya que su «socialismo» excluía solamente a los capitalistas judíos. No a los capitalistas auténticos alemanes. Estamos ya en l934 y el capitalismo alemán tiene derecho a sentirse respaldado en el frente interno ante el enemigo que se perfila en la URSS. La clase obrera alemana tiene un solo enemigo de clase: el capitalismo judío. Ernst Rohem, con su anticapitalismo a ultranza está fuera de tiempo, fuera de lugar. El socialismo alemán combate desde ahora un solo enemigo real: el capitalismo judío. El capitalismo alemán aceptó el arreglo: ser el capital nacional alemán en un mundo «juden rein» (limpio de judíos) que le brinda el nazismo. Lo que no sabía el capital alemán es que el antisemitismo es un proceso de auto destrucción, que a veces toma siglos, como en España. Pero es seguro. Alemania logró perder centenares de miles de kilómetros cuadrados, ser desmembrada en dos estados y perder seis millones de vidas en un poco más de doce años (l933-45). La Italia fascista seguiría tal vez incólume si el maldito no hubiese convencido a Mussolini de adoptar el antisemitismo criminal y suicida.
Lograron la muerte de seis millones de judíos.
Lo que confirma un aforismo antiguo: El antisemitismo es el socialismo de los imbéciles. Entender el curso de la historia toma tiempo.